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Salvado “in extremis” el verano 2012 gracias a la última hora

turistas en hotel veranoFinalmente, los principales destinos turísticos españoles cerrarán la temporada alta de 2012 con resultados positivos, que, sin llegar a los del verano pasado, si suponen motivo para la alegría ante los nervios e incertidumbre que se disparó de mayo a julio entre el empresariado.

Hoteleros y profesionales de la intermediación encendieron entonces la luz de alarma, con un rojo más intenso para los que regentan establecimientos de interior y para los grandes grupos verticales turísticos, aunque, gracias a final de julio y a principios de agosto, cierta calma volvió tras reactivarse las ventas.

“Nunca antes se había vendido tal cantidad de viajes a tan solo unos días de que el cliente se marchase”, relatan varias fuentes del sector de las agencias y la touroperación. Lo normal en los últimos años era poca antelación, en los casos más extremos quince días antes, una tendencia que este año ha cambiado, y que ha servido para que la diferencia entre ingresos de este año y el pasado no vaya a ser tan acusada como se llegó a temer.

Las grandes redes minoristas reconocen que variaron a la baja su previsión presupuestaria una vez se constataba la fuerte atonía del consumo en España, y sin duda cerrarán el año con menores ventas que en 2011, igual que la mayoría de hoteles y cadenas medianas españolas.

Baleares y Canarias, además de la ciudad de Barcelona, han funcionado este verano en volúmenes próximos a su mejor año, mientras en la costa peninsular, más dependiente del cliente nacional, las ocupaciones registradas posiblemente no den para recabar ingentes beneficios, pero como mínimo servirán para andar cerca de cubrir gastos, y “empatar”.

Septiembre también parece que marchará algo mejor de lo previsto hace 50 días, cuando se temió una caída en la ocupación de más de dos dígitos, mientras ahora el pronóstico es que cierre con un porcentaje levemente inferior al de hace un año, en lo que ha tenido notable influencia la fortaleza de los dos mercados principales, el alemán y el británico, y la pujanza de uno emergente como el ruso.

El miedo de hace dos meses, por lo tanto, se ha tornado en cierto alivio, aunque hoteles de interior se verán abocados a afrontar inevitables cierres, mientras el negocio de la intermediación, especialmente para quienes soportan más deuda, tendrá que hacer cuentas para ver si lo recaudado estas semanas es suficiente para aguantar un invierno que se presume largo.

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