El sector turístico, donde las nuevas tecnologías facilitan la comercialización a tiempo real de servicios, ha resultado ser el mejor campo de pruebas para la llamada economía compartida o consumo colaborativo. Y España en particular un destino idóneo para probar nuevas fórmulas de alojamiento, modelos de transporte o servicios turísticos de todo tipo. La economía compartida ha dejado de ser un concepto teórico para convertirse en el fenómeno más revolucionario del turismo.

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De hecho, se estima que la facturación de las empresas que operan bajo el modelo de la economía compartida registraran crecimientos del 30% anuales durante los próximos diez años. Todo ello a pesar del aumento de normativas e impuestos que cada vez más intentarán regularizar este sector.
Pero la economía compartida no sólo va a crecer sino que va a consolidarse en los próximos años, dando lugar a diferentes actividades y servicios relacionados con los viajes y el turismo.

Descuentos cercanos al 30% – 40%

Pero, ¿qué razones explican el crecimiento de la economía compartida? Según apunta Josep Francesc Valls, catedrático del departamento de Marketing de Esade “el consumo colaborativo es una de las grandes tendencias básicas del siglo XXI y esto predispone al cliente: todo lo que le ofreces desde la óptica del turismo colaborativo tiene un interés adicional. La gente se siente más cerca de esos valores”.

Valls está realizando un estudio sobre las empresas que operan en la economía compartida, principalmente en los sectores de alojamiento, transporte de personas y planes de viajes personalizados.

“En esta encuesta la mayoría de empresas me están diciendo que sus precios respecto a la economía real son entorno a un 30%-40% más baratos”, explica Valls. Ahora bien, añade, esta ventaja competitiva en precios se produce “como consecuencia de saltarse algunos de los criterios que el sector tradicional tiene”.

Menores costes de entrada

En cualquier caso, el rápido crecimiento de la economía compartida en la industria turística también obedece a otros factores como los costes, según indica Dianne Dredge, profesora de Estudios Globales de la Universidad de Aalborg en Copenhague.

“Las plataformas digitales basadas en el consumo colaborativo, que nacen como startups, han reducido los costes de entrada en el mercado. En cambio los riesgos se han desplazado y a menudo son soportados por los productores y los propios consumidores”, explica esta experta.

Y por otra parte, añade que “España, Portugal, Italia y Grecia, son países que están abrazando la economía compartida más rápido que otros. En Dinamarca y Suecia también hay un interés por este fenómeno, pero más desde el punto de vista medioambiental, ya que el consumo colaborativo puede producir un mundo más sostenible, donde se consuman menos recursos”.

Aun así, Dredge se muestra crítica respecto al tipo de lenguaje empleado por los nuevos intermediarios digitales que operan en el sector turístico.

“Usan palabras atractivas como ‘sostenible’, ‘auténtico’, ‘responsable’… Pero ninguno de estos atributos ha sido realmente estudiado. No sabemos si se corresponden a la verdad. En cualquier caso, es difícil para la industria turística tradicional contrarrestarlo”.

Mientras, el marco jurídico donde operan estas nuevas empresas continúa sin definirse en la Unión Europea, el crecimiento de la economía compartida en España despierta cada vez más la atención de los grandes grupos turísticos.

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